viernes, 24 de julio de 2015

Años difíciles, Poema de Raúl Barrientos





       AÑOS DIFÍCILES

                                 El mundo ha envejecido
                                 Y el hombre es el jinete que perdió el caballo
                                 Piensa Mrs. June Stanford
                                                                                                R. del Valle

El niño es el ángel que perdió el caballo, musitó  en
  triplicado  Thomas Dentzel a la hora del espejo,
el día que desmanteló  sus carruseles. Germantown, 1928.
  Años difíciles.
Será por mis pecados, repetía Jenny Littleton, rubia entre
  negros, mirándose los dientes, sin pan que llevarse a la
  boca, la de sus cuatro polluelos.
Años de vender dos lámparas y quedarse con una
  alumbrando el paladar. Dios que todo lo ve, ahí
El adorno escuálido del esqueleto con terribles cintas de
  cumpleaños.
Y los inviernos, esos alfileres sin llorar, como el olor de los
  sótanos húmedos, persistente.
Y el verano del 33 : dormir en el patio, la camisa, la
  cabellera desatadas, la locura y el terror de las caries.
Años difíciles. Y comprar, águilas de la ocasión, comprar
  ahora que se desplegó esta carcoma, comprar si tienes
El dinero.
O vender si no lo tienes .Y de un plumazo sobre el San
  Juan River a todo vuelo, pajaritos de la ocasión.
Monopolio sería la palabra reflejada en el río, detrás del
  museo, duplicada en los sueños.
Charles Darrow la escribía y la volvía a escribir en las
  arenas de Atlantic City ; la escribía con ese rouge de
  película en el espejo del baño. Solo Dios lo sabe.
Todo negocio es un riesgo, que bárbaro .Como el amor. En
  el fondo, tal vez caminando por Chelten Ave.
Se trate de comprar un chancho  y venderlo como si fuera
  una estrella. El chancho rosado de los carruseles.
Solo los ángeles son capaces de cabalgar chanchos rosados
  sin desbarrancarse, musitó Darrow, con el miedito de
  no ser original.
Años difíciles, repetía Jenny. Será  por mis pecados que sin
  siquiera sonreír he ido cometiendo.
Vuelta loca pecaré, se decía en la tina del baño,
  enmarañada frente al espejo.
Galoparás, se dijo a los ojos, como asomando entre medias

De seda.

                                             Raúl Barrientos


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